van y vienen de un lado a otro como pompas de jabón
que viajan con sus manitas fuertemente agarradas a las alas del viento.
Son de colores difusos, se confunden con el paisaje y rara vez
se les puede coger despistados. Se convierten lentamente en
sabores y olores indefinibles capaces de resbalarse entre cualquier rendija,
andén o hasta de esconderse estratégicamente detras de alguna ventana.
La ventana del tiempo que abrimos de vez en cuando
para echar un vistazo a lo que algún día fuimos.
Pero rara vez los encontramos ahí dormiditos... es que se camuflan muy bien,
tanto, que después de cierto tiempo llegamos a olvidar su existencia.
Y de repente en ese instante sublime de nuestra liberación, ellos se despiertan
de nuevo y echan a correr por todo el lugar para que los volvamos a ver".
La mar.
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